Objeción de conciencia: Aprende a gestionarla en la empresa

Todos en nuestras vidas nos vemos en situaciones en las que simplemente no podemos estar de acuerdo con una idea que se nos plantea. En muchas ocasiones, para no entrar en discusiones, preferimos simplemente no opinar y hacernos la vista gorda. Sin embargo, a veces, nos vemos en la necesidad de oponernos a estas ideas simplemente porque distan demasiado con nuestra forma de pensar, o porque chocan totalmente con lo que creemos que es correcto, según nuestras convicciones o preceptos morales y religiosos

Es precisamente en estos casos en que nos oponemos a algo, dejando en claro nuestros argumentos, que hacemos lo que se denomina una objeción de conciencia. Formalmente, de acuerdo con la Real Academia Española, la objeción de conciencia es la negativa a realizar actos o servicios invocando motivos éticos o religiosos.

Desde una perspectiva jurídica, la objeción de conciencia puede plantearse ante cualquier mandato que se derive de cualquier ordenamiento, tales como normas profesionales u obligaciones electorales o tributarios.Mohammed Ali No obstante, uno de los causales más destacados es la objeción de conciencia al servicio militar, con resonados casos históricos en el mundo como la oposición que hizo el boxeador estadounidense Muhammad Ali al negarse a participar en la Guerra de Vietnam, alegando argumentos religiosos, acarreándole una suspensión temporal de su licencia de boxeador y el despojo de algunos de sus títulos. Es precisamente la objeción de conciencia al servicio militar la única que está contemplada explícitamente en el marco legal español, en el artículo 30.2 de la Constitución Española.

La objeción de conciencia en los negocios

En cualquier ámbito, la mejor forma de oponernos a algo es exponer claramente nuestros argumentos, indicando las causas por la que no estamos de acuerdo con una idea, propuesta o, inclusive, una orden. El construir y dar a conocer nuestro punto de vista nos ayudará no solo a hacer entender a otros por qué nos oponemos a una idea o un proyecto, sino que también nos servirá como mecanismo de retrospección para conocer si efectivamente nuestra posición ante determinado asunto es la que se alinea más con nuestra forma de pensar, y no estamos cayendo en una actitud negativa ante algo, simplemente porque es poco habitual o desconocido.

Naturalmente, al haber una gran pluralidad de creencias, costumbres, legislaciones y religiones, que varían entre países y hasta entre municipalidades, establecer un línea clara entre dónde debemos oponernos y dónde podríamos considerar dar un paso hacia atrás, es complejo. Más aún, dependiendo de la industria en la que nos encontremos y hasta qué punto exista una reglamentación que malmeta nuestra actividad, podemos tener distintos puntos de referencia en cuanto dónde debemos ser rígidos en cuanto a nuestra postura con respecto a determinado tema.

¿Cómo detectar una situación que potencialmente podría generar una objeción de conciencia?

Algunos aspectos para tener en cuenta que nos pueden ayudar a determinar cuándo algo debe empezar a llamar nuestra atención y debe hacernos pensarlo concienzudamente, son los siguientes:

Normas y convenciones profesionales

Muchas profesiones, sobre todo las colegiadas, ofrecen marcos de referencia que nos ayudan a conocer lo que se considera generalmente apropiado o no en determinados oficios. Por ejemplo, el juramento hipocrático –juramento público que hacen las personas que se gradúan en medicina en algunos países- tiene un contenido de carácter ético que orienta al médico en la práctica de su oficio. Asimismo, existen Normas Internacionales de Contabilidad (NIC) que sirven como referencia no sólo para efectuar apropiadamente la labor contable, sino para establecer parámetros que eviten la manipulación maliciosa de datos contables. Si bien en muchos casos algunas de estas normas terminan adquiriendo carácter legal en muchos lugares, en muchos otros sirven como una guía tanto procedimental como en algunos casos ética del cómo deben actuar algunos profesionales y empresas que se dediquen a la explotación comercial de ese oficio.

Creencias, costumbres y religiones

Desde textos como la Biblia o el Corán, que son considerados sagrados para sus respectivas religiones, hasta costumbres sociales que norman desde cómo nos vestimos hasta qué pareja elegimos, nuestras creencias ya sea que vengan dadas por preceptos básicos que nos inculcaron en casa o por la formación religiosa que podamos haber recibido, son las que constituyen los parámetros que tomamos a la hora de decidir si algo está bien o no. Es precisamente cuando notamos que algo va en contra de estas creencias más personales donde claramente se da cabida a la objeción de conciencia en su forma más pura.

¿Cómo manejar una situación con la que no estamos de acuerdo en el ámbito de los negocios?

Una vez que hemos decidido que algo no coincida con nuestra forma de pensar a un grado en el que simplemente no podemos estar de acuerdo con un proyecto, idea, estrategia o una decisión sobre un tema específico, debemos buscar la forma más adecuada para poder salir airosos de la situación, afectando lo menos posible –en la medida de lo posible- la relación que tenemos con nuestros clientes, colegas, socios o proveedores. El grado de contundencia con el que debemos actuar en una primera instancia variará con cada situación, pero debemos siempre intentar aclarar nuestros puntos de vista e intentar buscar alternativas viables con las que podamos estar de acuerdo.

Consejos para evitar llegar a la confrontación

Deja ver de forma clara lo que consideres que esté mal

Aún cuando debes mantener el respeto de las opiniones de los demás en todo momento, no está demás que expongas desde un inicio qué te parece que está mal con un determinado asunto. Puede que los demás simplemente no se hayan tomado el tiempo de pensar detenidamente en eso a lo que te opones y, una vez que expliques qué te parece mal, quizás compartan el mismo punto de vista que tú. Inclusive si el resto de las personas no están de acuerdo con tu forma de ver las cosas, quizás podrían considerar efectuar cambios en una idea, o un proyecto si se dan cuenta que algo puede no ser apropiado para algunas personas.

Sugiere alternativas

Simplemente decir no, no es suficiente. Excepto que se trate de algo que esté radicalmente mal a tu forma de ver las cosas, debes tratar de buscar alternativas que posibiliten las cosas. Por ejemplo, si un médico no está de acuerdo con realizar un procedimiento quirúrgico porque lo considera inapropiado para un paciente, lo ideal es que proponga algún tratamiento alternativo para ayudarle con el problema que intenta resolver. Asimismo, si tus socios te plantean trasladar la producción de la empresa a un lugar donde podría ser más barata pero que quizás cuente con condiciones laborales con las que no estás de acuerdo, podrías proponer alguna otra alternativa que ayude a una reducción de costes, así sea inferior. En cualquier caso, si bien el dinero no lo es todo, hacer que los proyectos puedan darse es parte de los negocios.

Sugiere a alguien más que pueda hacer eso que no quieres hacer tú

Obviamente no es la situación ideal, pero quizás hay veces en las que dejar que alguien tome tu lugar es lo más sabio. Sin embargo, evita hacer esto sin haber dejado claro lo que a tu criterio no está bien, pues debes evitar que alguien tome la decisión de hacer algo sin estar totalmente informado. Desde decirle a tus colegas o superiores que no participarás en una actividad con la que no estás de acuerdo (por ejemplo, un trabajador social que sea un religioso extremadamente ortodoxo y no quiera participar en un proyecto de promoción de métodos anticonceptivos) hasta decirle a un cliente que no participarás en el diseño de su página web para la difusión de algún contenido con el que estás totalmente en desacuerdo, aún cuando sea perfectamente lícito, muchas personas entenderán e inclusive apreciarán que te tomes el tiempo de buscar o recomendar a alguien más para hacer eso que tus convicciones te impiden hacer.

Sin embargo, habrá situaciones en las que simplemente no habrán alternativas y donde tus principios no te permitirán delegar las labores en otros. En estos casos tendrás que tomar una postura rígida donde no solo con tus palabras, sino con tus acciones, evites que ese proyecto o esa situación sea llevado a cabo, a pesar de que sea legal o sea dictado por alguna autoridad. Desde distintas posturas ante la comercialización de ciertas sustancias hasta las deformaciones en el marco legal que se dan en regímenes autoritarios, puede haber situaciones “legales” donde aún pueda haber cabida a una objeción de conciencia.

Cada quien debe convivir consigo mismo, y aunque siempre debemos abrir nuestras mentes a los cambios, debemos ser consecuentes con lo que pensamos y consideramos correctos. En el peor de los casos, una objeción de conciencia puede hacernos perder un empleo o un contrato con un cliente que nos generará un impacto económico. Sin embargo, más nos costará reconstruir nuestra moral e inclusive nuestra reputación, si vamos en contra de nuestros principios sólo por la motivación económica.

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