Coronavirus, la solidaridad como vacuna

A día de hoy nos encontramos en una situación en la que la dimensión de esta pandemia nos permite comprender que este virus no solo es capaz de perjudicar la salud de las personas sino a todo un tejido empresarial, una sociedad, e incluso a valores tan individuales como la solidaridad del ser humano.

De hecho, hay una gran parte de la población que considera esta situación como una guerra, ante un enemigo que se nos adhiere sin que nosotros tengamos remedio eficaz. Para el combate de esta pandemia, los profesionales sanitarios nos mandan un mensaje de solidaridad ya que, individualmente como ciudadanos sujetos a este confinamiento solo nos queda seguir las instrucciones que nos detallan los expertos.

Lo principal que debemos de tener siempre presente ahora son, la responsabilidad necesaria para quedarse en casa, junto con la precaución de mantener un estado continuo de higiene. En primer lugar, por todos es conocido lo simple y lo complicado que puede resultar a la vez el confinamiento, la simplicidad de quedarse en casa se añade a las complicaciones que implican el impedimento de no hacer el resto de nuestra vida fuera de ella.

En segundo lugar, esto es algo que desde un temprano momento puede entrañar dificultades ya que conlleva un cambio radical en nuestros hábitos cotidianos, incluido el hecho de mantener una higiene máxima continuamente. De hecho, normalmente, es común llevar a cabo una higiene de manos fuera de casa, sin embargo, no estamos acostumbrados a que habiendo tocado cualquier superficie u objeto susceptible de contener microorganismos infecciosos tengamos máximo cuidado de no tocarnos nariz, ojos o boca. Es por tanto que, esta segunda directriz se complica al salir de casa, sobre todo teniendo en cuenta que los bienes o recursos existentes para llevar esa higiene a cabo son limitados.

Es entonces cuando el tejido empresarial se comienza a ver seriamente afectado, ya que, el confinamiento, que produce una paralización de la economía, junto con la aparición de productos que para esta situación se convierten en algo necesario, requieren de una serie de soluciones para el abastecimiento.

Estas soluciones aparecen gracias a la existencia de empresas solidarias, que son capaces de modificar su actividad productiva para combatir la situación aportando material. Como en es el caso de la empresa de cosmética Ana Mandara, la cual se ha centrado de forma extrema en la producción de gel desinfectante de manos, producto primordial para esta situación. Por consiguiente, empresas que toman esta determinación no solo trabajan solidariamente para disminuir esa escasez sino que, además, ayudan a solucionar otras problemáticas como la del tejido económico del país.

Una de las problemáticas que conlleva esta situación, además de la primordial, es la paralización de la economía que provoca el confinamiento, lo que está produciendo Expedientes de Regulación Temporales de Empleo, los famosos ERTES, que generan un desempleo estacional e incierto pero que, indudablemente, desembocan en una paralización de la economía total.

Estas empresas solidarias que se han renovado para dar solución a todas estas problemáticas de forma que no sólo rescatan, como se menciona anteriormente, la situación de escasez, si no que permiten aliviar la carga que provoca en la economía este estancamiento, ya no solo produciendo bienes necesarios e impidiendo el estancamiento, sino provocando un ahorro en materia de gasto público importantísimo que permitirá destinar esos fondos para ganar esta batalla lo más tempranamente posible.

Y es que, entendiendo esta situación como una batalla que, indudablemente todos, uno por uno estamos librando, ya sea desde casa o fuera de ella, comprendiendo que la solidaridad se presenta como la primera arma que todos tenemos a mano y que todos somos capaces de usar, resulta indispensable que tanto ciudadanos como organizaciones empresariales entendamos que cuanto antes aportemos nuestro grano de arena antes volveremos a disfrutar de la vida como hasta hace unas semanas veníamos haciendo.

 

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