Las previsiones sobre el futuro del trabajo envejecen mal, así que conviene quedarse con las que ya se están cumpliendo. Estas seis llevan años en marcha y afectan igual a una plantilla de quince personas que a una multinacional.
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Del puesto fijo al trabajo distribuido
La discusión ya no es oficina sí u oficina no, sino qué parte del trabajo necesita coincidir en el tiempo. Las empresas que lo han resuelto bien no son las que más días presenciales exigen: son las que han definido qué se decide en directo y qué se resuelve por escrito.
Equipos que se montan y se deshacen
El organigrama estable convive cada vez más con equipos temporales por proyecto. Para una pyme esto significa que la coordinación pasa a ser una función explícita: alguien tiene que sostener el proyecto aunque nadie dependa jerárquicamente de esa persona.
Automatización de lo repetitivo
Lo que se automatiza primero no son los trabajos, son los tramos: el traspaso de datos, el aviso, el informe semanal. El efecto práctico es que las tareas que quedan son las que exigen criterio, y eso cambia lo que se pide al contratar.
La formación deja de tener final
Cuando las herramientas cambian cada dos años, la formación pasa de ser un hito a ser mantenimiento. Las empresas que lo tratan como gasto puntual acaban con equipos que solo saben usar lo que ya no se usa.
Transparencia como condición
Los equipos distribuidos no funcionan sin información accesible. Y quien accede a la información acaba pidiendo participar en las decisiones, así que esta tendencia arrastra a la siguiente.
Qué puede hacer una pyme desde ya
Escribir las decisiones en vez de contarlas, definir qué reuniones son imprescindibles, y dejar por escrito quién decide qué. Son cambios baratos y son los que sostienen todo lo demás.
La infografía
El resumen visual, elaborado por Wrike:

Infografía ofrecida por Wrike – Software Gestión Proyectos
