La diferencia entre un jefe y un líder se ha contado tantas veces que se ha quedado en frase de póster. Vale la pena bajarla al día a día, que es donde se nota de verdad: en qué pasa cuando algo sale mal.
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Dónde se ve la diferencia
Cuando un proyecto se tuerce, el que manda busca al responsable y el que lidera busca la causa. No es una cuestión de bondad: la primera reacción enseña al equipo a esconder los problemas, y la segunda a sacarlos pronto, que es cuando todavía se arreglan.
La segunda diferencia está en el mérito. Quien manda cuenta lo que ha conseguido su departamento; quien lidera cuenta quién lo ha conseguido. El efecto sobre quién se queda en la empresa es medible.
Cinco señales de que mandas en vez de liderar
Tu equipo te consulta decisiones que podría tomar solo. Es cómodo y es una señal de que no has repartido autoridad, solo tareas.
Te enteras tarde de los problemas. Si algo lleva dos semanas roto y te llega hoy, alguien calculó que era mejor no contarlo.
Las reuniones las hablas tú. Si el que convoca ocupa el 70 % del tiempo, no es una reunión, es un comunicado.
Repartes tareas pero no contexto. Un equipo que no sabe para qué sirve lo que hace no puede priorizar cuando cambian las cosas.
Tu gente no discrepa nunca. En un equipo sano hay desacuerdo; si no lo hay, es que no sale a la superficie.
Se aprende
Ninguna de esas cinco cosas es un rasgo de personalidad: son hábitos. Se corrigen con dos o tres decisiones concretas —delegar de verdad una área, callarse en las reuniones, preguntar antes de responder— sostenidas el tiempo suficiente para que el equipo se lo crea, que es la parte lenta.
La infografía
El resumen visual, elaborado por Wrike:

Infografía ofrecida por Wrike – Herramienta Gestión Proyectos
