Dos presupuestos con importes parecidos casi nunca están ofreciendo lo mismo. Y dos con importes muy distintos, tampoco: la diferencia suele estar en lo que uno incluye y el otro deja fuera, no en lo que cobra cada hora de trabajo.
Compararlos bien no es cuestión de regatear. Es un método corto que sirve igual para una agencia, una clínica, una productora, una constructora o un despacho, porque el problema siempre es el mismo: los dos documentos no describen el mismo trabajo.
Índice del contenido
- El error de partida: comparar totales
- Qué es un presupuesto por partidas
- Si quien pide el presupuesto es un consumidor, hay obligaciones
- Dónde se esconde la diferencia de precio
- El método, en cinco pasos
- Qué preguntar cuando un presupuesto va muy por debajo
- Preguntas frecuentes sobre comparar presupuestos
- ¿Puedo pedir que me desglosen el presupuesto?
- ¿Qué es una partida y qué debe llevar?
- ¿Por qué un presupuesto es mucho más barato que otro?
- ¿Los impuestos van incluidos en el precio que me dan?
- ¿Y los gastos de terceros?
- ¿Un presupuesto cerrado protege más que uno por horas?
- ¿Cuánto tiempo debería mantenerse el precio?
- ¿Es abusivo que me pasen gastos de tramitación?
- ¿Merece la pena pedir tres presupuestos?
El error de partida: comparar totales
El total es lo último que hay que mirar. Antes hay que responder si los dos presupuestos cubren el mismo alcance, con la misma calidad y en el mismo plazo. Si alguna de esas tres cosas cambia, los totales no son comparables y ponerlos uno al lado del otro solo sirve para elegir mal con seguridad.
La señal más fiable de que algo falta es la cifra única. Un presupuesto que resuelve un trabajo de varias semanas con un solo número no permite saber qué se está pagando, ni discutir una parte sin renegociarlo entero, ni comprobar después si se hizo lo que se dijo.
Qué es un presupuesto por partidas
Es el que separa el trabajo en unidades con su cantidad y su precio, en vez de dar un importe global. Una partida bien escrita tiene cuatro cosas: qué se hace, cuánto de eso se hace, cuánto cuesta la unidad y cuánto suma.
Ese desglose hace tres cosas que la cifra única no puede hacer:
- Permite comparar. Con dos presupuestos por partidas se ve enseguida cuál incluye algo que el otro no, y cuánto vale esa diferencia.
- Permite ajustar. Si el total no encaja, se puede quitar o reducir una partida concreta en vez de pedir un descuento a ciegas.
- Permite comprobar. Cuando el trabajo termina, hay contra qué contrastar lo entregado.
Si quien pide el presupuesto es un consumidor, hay obligaciones
Conviene separar los dos casos, porque no se aplica lo mismo.
Cuando quien contrata es un consumidor, el artículo 20 del texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios exige que la oferta comercial contenga, entre otras cosas, el precio final completo, incluidos los impuestos, desglosando el importe de los incrementos o descuentos que sean de aplicación. Y el artículo 60 obliga a facilitar antes de contratar, de forma clara, comprensible y accesible, la información relevante, veraz y suficiente sobre las características principales del contrato, en particular sobre sus condiciones jurídicas y económicas.
El artículo 89 añade un límite que aparece mucho en obra y en compraventa: es abusiva la imposición al consumidor de los gastos de documentación y tramitación que por ley corresponden al empresario.
Entre empresas nada de eso aplica. Rige la libertad de pactos, y un presupuesto de una línea es perfectamente válido si se acepta. La consecuencia práctica es que el desglose, en una contratación entre empresas, no se exige: se pide antes de firmar o no se tiene.
Dónde se esconde la diferencia de precio
En cinco sitios, y ninguno está en la partida principal.
- Lo que queda fuera y no se dice. No es que mientan: es que el presupuesto describe lo que sí hace y calla lo demás. Por eso hay que preguntar en negativo: qué no incluye esto.
- El número de repeticiones. Una revisión incluida y tres revisiones incluidas son trabajos distintos, y es de las cosas que más encarecen a mitad de proyecto.
- La calidad o la marca del material. Dos partidas con el mismo nombre y distinta referencia no cuestan lo mismo ni duran lo mismo.
- Los gastos de terceros. Tasas, licencias, peritos, procurador, notaría, plataformas de pago o inversión en medios suelen ir aparte y los adelanta quien contrata.
- El plazo. Hacerlo en tres semanas y hacerlo en tres meses tiene precios distintos, y el presupuesto rápido casi nunca lo dice.
El método, en cinco pasos
Funciona con dos presupuestos y con cinco, y no lleva más de media hora.
- Uno. Escribe tú el alcance antes de pedir nada: qué quieres, para cuándo y con qué resultado. Si cada proveedor te propone su propio alcance, no vas a poder comparar nada.
- Dos. Pide el mismo desglose a todos, con las mismas partidas. Es una petición razonable y ningún profesional serio se molesta.
- Tres. Iguala las diferencias sobre el papel. Si uno incluye tres revisiones y otro una, súmale al segundo lo que cuestan las otras dos y compara entonces.
- Cuatro. Suma los gastos de terceros y el impuesto en los dos casos, no en uno.
- Cinco. Mira el plazo y quién ejecuta. Un precio mejor con el equipo júnior y sin fecha de entrega no es un precio mejor.
Qué preguntar cuando un presupuesto va muy por debajo
Casi siempre hay una explicación, y solo una de ellas es buena. Puede ser que sea más eficiente en ese trabajo concreto, que esté dejando fuera una parte, que haya calculado menos horas de las que hacen falta, o que entre barato para ampliar después.
La forma de averiguarlo es pedirle que explique la diferencia con el otro presupuesto, sin decirle el importe. Quien tiene una razón la da en dos frases. Quien ha calculado por lo bajo suele responder que ya se verá sobre la marcha, y eso es la respuesta.
Preguntas frecuentes sobre comparar presupuestos
¿Puedo pedir que me desglosen el presupuesto?
Sí, siempre, y es lo normal en cualquier trabajo que dure más de un día. Si quien contrata es un consumidor, el artículo 20 del texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios exige además que la oferta incluya el precio final completo con los impuestos, desglosando incrementos y descuentos. Entre empresas no hay esa obligación, así que el desglose se pide antes de firmar o no se tiene.
¿Qué es una partida y qué debe llevar?
Es cada unidad de trabajo separada dentro del presupuesto. Bien escrita lleva cuatro datos: qué se hace, qué cantidad, cuánto cuesta la unidad y cuánto suma. Con esos cuatro se puede comparar con otra oferta, quitar lo que no haga falta y comprobar después si se entregó lo que se pagó.
¿Por qué un presupuesto es mucho más barato que otro?
Por una de cuatro razones, y solo la primera es buena: que sea más eficiente en ese trabajo, que deje algo fuera, que haya calculado menos horas de las necesarias, o que entre barato para ampliar después. Pedir que expliquen la diferencia sin decirles el importe del otro es la forma más rápida de saber cuál de las cuatro es.
¿Los impuestos van incluidos en el precio que me dan?
Depende de a quién se dirija la oferta. En una oferta a consumidor, el artículo 20 exige que figure el precio final completo con los impuestos incluidos. En una oferta entre empresas es habitual dar el importe sin impuestos, porque el destinatario los recupera, y por eso conviene comprobar siempre sobre qué base está hecha la comparación.
¿Y los gastos de terceros?
Casi nunca están dentro y hay que preguntarlo con esas palabras. Tasas, licencias, peritos, procurador, notaría, comisiones de plataformas o inversión en medios suelen ir aparte y los adelanta quien contrata. Un presupuesto que no separa el trabajo de los gastos de terceros deja fuera una parte del coste que en algunos proyectos es la mayor.
¿Un presupuesto cerrado protege más que uno por horas?
Protege del sobrecoste, no de la ambigüedad. Un precio cerrado sobre un alcance mal definido acaba en discusión igual, porque cada parte entiende una cosa por lo mismo. Lo que de verdad protege es el alcance escrito con detalle; después, el cerrado o el de horas es una decisión sobre quién asume el riesgo de que el trabajo se alargue.
¿Cuánto tiempo debería mantenerse el precio?
Lo razonable es que el presupuesto diga hasta cuándo es válido, y es un dato que conviene exigir. Sin fecha de validez no hay nada que reclamar si el precio sube entre que lo pides y lo aceptas. Treinta días es lo habitual en servicios; en obra, donde el material se mueve, suele ser menos.
¿Es abusivo que me pasen gastos de tramitación?
Si eres consumidor, depende de a quién corresponda ese gasto por ley. El artículo 89 del texto refundido considera abusiva la imposición al consumidor de los gastos de documentación y tramitación que por ley correspondan al empresario. Entre empresas no hay esa protección y el reparto es el que se pacte, así que conviene dejarlo escrito.
¿Merece la pena pedir tres presupuestos?
Tres es un buen número y más de cuatro suele ser tiempo perdido. Lo que aporta el tercero no es el precio: es la referencia para detectar al que se ha ido mucho por arriba o por abajo. Y pide los tres con el mismo alcance escrito por ti, porque tres ofertas sobre tres alcances distintos no son una comparación, son tres conversaciones sueltas.
