OGP son las siglas de oficina de gestión de proyectos: la unidad que se encarga de que los proyectos de una organización se hagan de la misma manera y de que alguien tenga la foto completa. En inglés aparece como PMO, y es el nombre con el que la encontrarás en la mayoría de la documentación.
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Qué hace exactamente
Su trabajo tiene tres patas. La primera es el método: definir cómo se planifica, cómo se estima y cómo se informa, para que dos proyectos distintos se puedan comparar. La segunda es la visibilidad: mantener el estado real de la cartera de proyectos, no el que cada responsable quiere contar. Y la tercera es el apoyo: formar, resolver bloqueos y arbitrar cuando dos proyectos se pelean por las mismas personas.
Lo que no es: una capa de control que pide informes. Cuando una OGP se convierte en eso, los equipos aprenden a rellenar el informe y el estado real vuelve a esconderse.
Los tres modelos habituales
La OGP de apoyo da plantillas, formación y buenas prácticas, y no manda. Funciona bien cuando los equipos ya son maduros.
La OGP de control fija un estándar y verifica que se cumple. Tiene sentido cuando hay riesgo regulatorio o los proyectos se parecen mucho entre sí.
La OGP directiva asume la gestión de los proyectos con sus propios jefes de proyecto. Es la más cara y la que más sentido tiene en organizaciones grandes con proyectos críticos.
¿Necesita una pyme una OGP?
Como departamento, casi nunca. Como función, mucho antes de lo que parece. En cuanto hay más de cinco o seis proyectos simultáneos compitiendo por las mismas personas, alguien tiene que decidir el orden, y si no está asignado lo decide el que más grita. Esa función se puede asignar a media jornada de una persona: lo importante es que exista y que tenga autoridad para priorizar.
Quién asume esa autoridad y cómo la ejerce es justo la diferencia entre un jefe y un líder.
La infografía
El resumen visual, elaborado por Wrike:

Infografía ofrecida por Wrike – Software Para Manejo De Proyectos
