La sostenibilidad como único futuro del emprendimiento

La crisis financiera de 2008 afectó a gran parte del planeta y asoló economías como la española, la griega o la irlandesa. Muchas de ellas han sabido recomponerse a base de atracción de talento, impulso de otras industrias como el turismo y el fomento de la cultura emprendedora.

En 2020 vivimos una coyuntura económica que se asemeja a la de 2008 y que prevé generar más impacto que la de hace una década. Nuevamente, el emprendimiento aparece como un escenario interesante pero en esta ocasión se introduce una nueva variable, el emprendimiento sostenible.

¿Qué se entiende por emprendimiento sostenible?

El emprendimiento sostenible es iniciarse en la actividad emprendedora siendo consciente que estamos atravesando una época de crisis ambiental muy severa. Los recursos en el planeta Tierra son finitos y no podemos explotarlos sin pensar en su reintroducción en el círculo del consumo.

El emprendimiento es crear un negocio en el que pivoten tres grandes áreas de actuación: la parte económica, la parte social y la parte ambiental. Esto implica desarrollar acciones encaminadas a generar ingresos pero llegando a esos ingresos generando el menor impacto ambiental posible y ayudando al desarrollo social.

Todo esto implica Formación en finanzas sostenibles, adecuación a las nuevas tecnologías, reciclaje continuo, innovación y desarrollo y, por supuesto, aceptar que el mundo de los negocios y el emprendimiento es muy cambiante, muy incierto y en él no hay nada seguro.

La sostenibilidad impulsa un cambio de era en la cultura del emprendimiento

Los negocios que presumen de ser sostenibles financiera y socialmente son aquellos en los que no solo aparecen objetivos estratégicos a nivel financiero, sino que también tienen en cuenta los componentes sociales y ambientales.

Durante siglos, el crecimiento económico se ha basado en la explotación de los recursos naturales son considerar los outputs ambientales. Las empresas, y en la actualidad sigue ocurriendo, maximizan muchos beneficios porque no se ocupan de los residuos que generan o el impacto ambiental que generan.

La nueva era del emprendimiento marcada por la sostenibilidad ponen en el centro del tablero la gestión del talento humano, la participación de los trabajadores en los beneficios empresariales, la lucha por la igualdad, la eliminación de barreras y la reducción de la contaminación. En definitiva, transparencia para garantizar un comportamiento ético que ayude a crecer a las empresas.

¿Cómo pueden sacar partido las empresas de esta nueva filosofía?

El mercado económico actual ofrece una asignación de recursos muy desequilibrada que puede y debe ser aprovechada por los emprendedores que ponen el foco de atención en la sostenibilidad. En este nuevo escenario las empresas deben pasar de buscar solo la venta y el crecimiento para generar bienestar y mejorar la cohesión social. De este modo, los propios consumidores y clientes pueden actuar como embajadores de la marca, ser los comerciales que hagan crecer a la empresa.

Los principales aspectos ambientales que proyecta esta nueva forma de entender el crecimiento empresarial y el emprendimiento guardan relación con la capacidad de generar un impacto más reducido en el entorno, buscar la eficiencia ambiental y considerar la tecnología como una aliada en el proceso de crecimiento.

Estos mismos objetivos son los que se buscan en el ámbito financiero. Empresarios y emprendedores inician su actividad para crecer en ese ecosistema, de modo que no pueden subsistir si no hay un crecimiento económico de por medio. Introduciendo la sostenibilidad como elemento central y política transversal en la organización, estos resultados pueden cambiar a mejor.

Una vía para introducirse en estos métodos es mediante las normas de calidad ambientales ISO, que es quizás el antecedente más básico de esta nueva cultura de emprendimiento sostenible.

La sostenibilidad puede aplicarse en todos los sectores de actividad

La moda sostenible o la cosmética natural son dos ejemplos muy conocidos de áreas económicas en los que la sostenibilidad juega un papel fundamental. En esos casos estos principios se introducen en la elaboración de prendas utilizando para ello una menor huella de carbono, respeto por los productores locales o el uso de componentes naturales no derivados del petróleo y no testar los productos en animales en la cosmética natural.

No obstante, existen otras áreas de actividad que pueden poner en marcha estos principios de sostenibilidad: la construcción, la alimentación de cercanía, el ecoturismo, la producción de energía sostenible, la industria enológica o el transporte.

Invertir en sostenibilidad implica mucho trabajo, pero asegura resultados, pues la sociedad cada vez incorpora más estos principios de justicia social, ambiental y financiera.

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